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En la ciudad de León, a menos de un kilómetro al norte del puente de piedra de San Marcos, se levanta desde 1997 esta pasarela atirantada, que enlaza dos barrios de nueva creación a ambas márgenes del río Bernesga.

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Vista general de la pasarela.

Sus autores son Manuel Juliá Villardel y Luis Carrillo Gijón, ambos, entonces, catedráticos de la Universidad Politécnica de Madrid. Es siempre interesante leer la justificación de una elección tipológica o formal por un autor. En este caso es de agradecer que no busquen una excusa técnica y que admitan abiertamente que el germen del diseño, e incluso de la tipología elegida,  fue la preocupación estética y el deseo de compensar visualmente la fuerte inclinación dada al tablero al unir dos márgenes a muy distinta cota sin el uso de escaleras: “la asimetría con la línea vertical que con esta solución adopta el tablero, nos indujo a considerar que la estructura que lo debía sustentar también lo fuera, de ahí la elección de un mástil único, situado en la parte más baja, que se inclina ligeramente hacia atrás para equilibrar la visión global del conjunto, y de donde el tablero se sustenta utilizando un sistema de atirantamiento que permite cruzar el río” [1].

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El tablero, desde la orilla del pilono.

El tablero es una losa de hormigón armado blanco, de 4 metros de ancho y 0,90 de canto, aligerada con dos alvéolos rectangulares de 1,10×0,60 metros. Con una longitud de 79,50 metros, se empotra en la base del pilono y se apoya en el estribo opuesto. Se sustenta también, mediante dos planos de tirantes, en cuatro puntos intermedios, dispuestos cada 18 metros.

El mástil tiene una altura de 33 metros, es también de hormigón armado blanco y tiene cuatro pares de péndolas y otros tantos cables de retenida. Su sección transversal tiene forma de “T”, con el canto del alma variable. Esta sección funciona muy bien tanto para anclar de ordenadamente los tirantes de ambos lados como para dar, de forma sencilla pero muy efectiva, interés y relieve al pilono.

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El pilono.

El mástil se arquea ligeramente hacia atrás, para facilitar el anclaje de los cables de retenida en la propia base del pilono. No me consta la existencia de pilonos con curvatura longitudinal anteriores, por lo que éste debe de ser el primero que se hizo en España y, probablemente, de los primeros en el mundo. Y aquí la curvatura es absolutamente lógica, casi parece pedirla la disposición de los tirantes, en abanico los principales y en arpa los de retenida, y permite centrar las resultantes de las cargas de cada tríada sobre el centro de gravedad de la sección, de forma que no se produzcan flexiones. Y ello de forma elegante, a la vista de la geometría del conjunto: aplicando prácticamente la misma tensión en todos los tirantes.

Los puentes fuera de escala, con soluciones no evidentes ni económicas para su luz, deberían tener sólidos argumentos para levantarse, y no me cabe duda de que estos deben ser, por encima de todo, estéticos.
¿Los tiene esta pasarela? Sin duda sí: la curvatura del mástil,  junto al reducido número de tirantes y la sobriedad general del tablero y del resto de elementos, le confieren una serenidad extrañamente impropia de este tipo de estructuras permanentemente tensionadas, y un aire algo triste, pero elegante.

Y revela un cambio en el diseño de puentes que se produjo en este país en los años 90, a raíz de la popularidad del fenómeno Calatrava.

Este es claramente un puente post-Calatrava, al que los ingenieros “serios” de por aquí dicen despreciar, y seguramente lo hacen, pero al que no han dejado de imitar con dedicación y suerte dispar. Por cierto, en un próximo post trataremos sobre el curioso, y creo que muy interesante, “efecto Calatrava” sobre la fauna ingenieril local.

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Torre de telecomunicaciones de Montjuïc (Barcelona), 1991.

Cuando hablamos de la influencia de Calatrava no nos referimos precisamente a los detalles. Por ejemplo, este pilono evoca mucho más al del puente sobre el río Lérez, en Pontevedra, proyectado dos años antes por el gran Leonardo Fernández Troyano, pero el diseño general de la pasarela parece responder, a su modo, más a la libertad expresionista de Calatrava que al lirismo geométrico de aquél.

También el pie del pilono, excesivo, remite al del río Lérez, pero tiene indudables reminiscencias del que Calatrava dispone en 1991 en la torre de telecomunicaciones de Montjuïc.  En ambos casos es necesario para abrir el mástil hacia una cimentación que le aporte la suficiente estabilidad, sin  poner demasiados elementos en tracción.  La presencia potente de ese pie, con el anclaje de los cables de retenida sobre él, el hueco parabólico que lo atraviesa en su parte inferior, la curvatura del mástil, el uso de hormigón blanco, todo es atractivo para el paseante y propone centros de atención que revalorizan el puente y el paseo por él.

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El pie del pilono, con los anclajes de retenida.

Y al margen de la mayor o menor consistencia de ciertas copias que, por otro lado, han sido siempre parte del proceso creativo en la ingeniería, lo que aquí se trasluce es una libertad expresiva, no sólo formal, sino puramente técnica, e incluso un arrojo a la hora de plantear soluciones atrevidas, que no era habitual antes de que Calatrava pusiera patas arriba los paradigmas del sector. Y aquí tenemos que hablar del puente del Alamillo, inaugurado en 1992 en Sevilla, y más criticado que ninguno otro, pero modelo de valentía a la hora de diseñar una estructura, y auténtico espejo en el que se han mirado la mayoría de las realizaciones atirantadas de luces medias desde entonces.

Siguiendo con este juego de espejos, este puente de León es también precursor muy digno de tantos pilonos curvos que se han hecho después. Para empezar, anuncia los  muchos que Calatrava hará más adelante, alguno de ellos brillantísimo, curvando el pilono de las formas más impensables y siempre con una lúcida justificación estructural, al menos desde los principios de la Estática.

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Puente de la Unidad (Monterrey), 2003.

Y cómo no citar aquí el Puente de la Unidad, sobre el río Santa Catarina, en Monterrey (México), inaugurado en 2003 y que guarda muchas similitudes con este de León, aunque, curiosamente, fuera acusado de haber “plagiado” el diseño del Puente del Alamillo, lo cual nos parece sorprendente y sólo tiene sentido por lo que decíamos más arriba: el puente del Alamillo, aunque les pese a muchos, se ha convertido en  arquetipo del puente atirantado “singular”, en cualquiera de las tres acepciones que el término admite: extraordinario, raro o excelente. En el puente de Monterrey los tirantes de retenida se concentran en la coronación del pilono, mientras que los principales se disponen en arpa en toda la longitud del mismo. Suponemos que la resultante del peso del trozo de pilono entre tirantes y la tracción en éstos bajo cargas permanentes, produce una compresión centrada en el pilono, como en el Alamillo.  El pilono se hará cargo de las fuerzas en los tirantes debidas a las sobrecargas, con la colaboración de los cables de retenida, aunque su forma no lo trasluzca.

 

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El puente, desde el extremo apoyado.

Aunque en León y sobre el propio Bernesga se encuentran otras obras de interés, no vemos en ellas la intención lúdica de este puente, y es esta característica la que lo hace muy apropiado para un medio urbano y para una escala en la que la luz a salvar no invita a determinadas tipologías, pero sí acepta ciertos divertimentos.

Se echa en falta, en éste y en el resto de los puentes, un mantenimiento adecuado que elimine los inevitables grafitis, y que asegure periódicamente el repintado de los elementos metálicos y la limpieza superficial de los paramentos de hormigón.

Al margen de estas deficiencias, desde luego no achacables a los autores del proyecto, es ésta una pasarela muy digna, que revaloriza el entorno, crea un punto de atracción sin duda icónico en el parque y muestra, con argumentos sencillos pero efectivos, una ingeniería clara y elegantemente resuelta.

Javier Parrondo

NOTAS:

[1] Manuel JULIÁ VILLARDEL y Luis CARRILLO GIJÓN: Pasarela atirantada sobre el río Bernesga, en León. Hormigón y Acero, nº 207.  1998.

REFERENCIAS:

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